Como en un vals,
el tiempo y sus consecuencias
ruedan una y otra vez,
con paso seguro, acertado,
aunque a veces doloroso.
La vida, como cual flor en primavera,
se abre ante los ojos de su propietario
esperando ser amada, ser correspondida.
Se enfada como mujer celosa
cuando no le hacen caso.
Y no le falta razón,
sólo busca ser aceptada, como su dueño.
Cuando consigue su sueño,
hace que el mundo sea más fácil,
más agradable, más... en paz,
pues por fin se libró
de aquella que llaman depresión,
ansiedad, o pensamientos suicidas.
Ahora sí que puede desplegar sus alas
y seguir danzando, junto a su dueño,
un bonito vals.
